Creo que ese afán de sentirse invencible es solo una forma de protegerse de una realidad que asusta, porque aceptar que somos extremadamente vulnerables nos obliga a cambiar las prioridades. Estas tragedias nos desnudan como sociedad y nos demuestran que las conexiones vacías o de momentos alegres no sirven de nada cuando las cosas se complican.
Me quedo pensando mucho en esa lección de agradecimiento que compartes; es un contraste tremendo con el desespero común, pero demuestra una paz interior admirable. Al final, tener la madurez de reconocer que no somos eternos y que nos necesitamos unos a otros es lo que le da sentido a la comunidad y a la solidaridad real. Muchas gracias por sumar esta reflexión.
Un ejemplo a seguir 😇